viernes, 2 de julio de 2010

Odio.

Odio esta sensación, y todo lo que implica...
Siento el peso de la soledad caer de nuevo sobre mí
y veo como todo el humo y la niebla del mundo
se unen ante mis ojos.
Odio saber lo que sé... Y odio no saber qué hacer con ello.
Siento la ira de toda la humanidad palpitando en mis venas,
y la impotencia me desborda al darme cuenta
de que sólo soy un hombre, uno más.
Odio haber dejado de sentirme especial,
pero odio más haber creído serlo alguna vez...
Siento que me pierdo entre la gente
y no distingo rostro alguno, que no soy importante.
Odio haber creído en espejismos que me elevaban
y me hacían caer de pronto sobre la ardiente arena,
odio haber sido engañado por oasis etéreos
de inestable naturaleza, oasis de paz, de falsa paz.
Odio no haber sido capaz de hacer realidad mis sueños,
odio haber dejado de tener fuerzas,
pero odio más que nada, seguir teniendo esperanza...
Seguir pensando ahora que todo está a mi alcance
y mañana darme cuenta de que nada es para mí.
Odio al viento... por darme días despejados e ilusiones
y traer después tormentas... de hielo afilado...

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