domingo, 11 de julio de 2010

La niña.

Cuando la tormenta
por fin se calma
y no hay penas
quemando el alma,
se eleva vanidosa
la niña de mis ojos.
De entre sombras,
de entre zarzas,
se eleva esplendorosa
envuelta en tonos rojos.

De altas montañas rodeada,
sin saber cuál escalar se halla.
La niña de mis ojos preocupada,
no distingue la adecuada.

Cuando han venido
y se han marchado
mil suspiros que yo,
travieso he provocado,
se aparece sigilosa
su figura incandescente.
Todo me lo roba,
todo se lo queda,
la niña de mis ojos...
y sus manos de seda.

De altas montañas rodeada,
por toda la belleza embelesada.
La niña de mis ojos sonriente,
alza la vista esperanzada.

Y cuando negras nubes
vuelven, y amenazan
caprichosas toda paz,
se refugia inteligente
la niña de mis ojos.
E impaciente.. sólo espera
a la nueva primavera,
en que volver a bailar,
en que volver a brillar.

sábado, 10 de julio de 2010

...

Siento el cielo si te siento a mi lado,
y veo el fuego cuando te alejas,
Que por más que lo intento no lo consigo,
por mas que lo intento no te olvido.
Creo que siento el rechazo
y no sé aceptarlo,
siento que aunque en sueños te abrazo
y mi mente es consciente de la realidad,
cada segundo que pasa sin sentirte
es un pedazo de eternidad.
No lo mereces, no lo has ganado
pero aún así sigo a tu lado.
Cuántos momentos, cuántos instantes...
Hoy me has amado, mañana... me habrás olvidado...
Cuento sin fin, de tristes recuerdos.
Pena de mí, no quiere mis besos.

viernes, 2 de julio de 2010

Odio.

Odio esta sensación, y todo lo que implica...
Siento el peso de la soledad caer de nuevo sobre mí
y veo como todo el humo y la niebla del mundo
se unen ante mis ojos.
Odio saber lo que sé... Y odio no saber qué hacer con ello.
Siento la ira de toda la humanidad palpitando en mis venas,
y la impotencia me desborda al darme cuenta
de que sólo soy un hombre, uno más.
Odio haber dejado de sentirme especial,
pero odio más haber creído serlo alguna vez...
Siento que me pierdo entre la gente
y no distingo rostro alguno, que no soy importante.
Odio haber creído en espejismos que me elevaban
y me hacían caer de pronto sobre la ardiente arena,
odio haber sido engañado por oasis etéreos
de inestable naturaleza, oasis de paz, de falsa paz.
Odio no haber sido capaz de hacer realidad mis sueños,
odio haber dejado de tener fuerzas,
pero odio más que nada, seguir teniendo esperanza...
Seguir pensando ahora que todo está a mi alcance
y mañana darme cuenta de que nada es para mí.
Odio al viento... por darme días despejados e ilusiones
y traer después tormentas... de hielo afilado...