miércoles, 4 de noviembre de 2009

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¿Puedo hacerle una pregunta, mi señora?


¿Hasta dónde he de ir? Ya no quedan altos picos a los que subir
para reclamar vuestro amor al viento...
-Hasta mi oido has de ir, caballero, y reclamarlo ahi...

¿En cuántas batallas más he de probaros mi valor, señora?
-Sólo en las que deba luchar por mi...

¿A cuántos enemigos debe derrotar mi espada?
-A los que habitan dentro de vos, aquellos que os ciegan y confunden...

¿Y por qué... me mirais así?
-Y vos... ¿por qué... sólo me mirais?

Mi Reina... ¿por qué me haceis dudar?
-Dudais de vos, mi señor... no de mi.

Perdonadme, dulce dama... Por favor, dadme fuerzas para este viaje...
-Fé...


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